El Legado de los Tres Picos: 25 Años del Vino que Conquistó el Mundo con Sello Aragonés

 Hay vinos que acompañan una comida y hay obras maestras que reescriben el destino de toda una región vitícola. Borsao Tres Picos pertenece por derecho propio a esta segunda categoría.




Nacido de la añada del año 2000 y lanzado comercialmente en 2001, este tinto icónico celebra este año su vigesimoquinto aniversario. Su historia es la de una profunda convicción colectiva: demostrar que la garnacha del Campo de Borja, amparada por las laderas del Moncayo, albergaba una elegancia, profundidad y vocación internacional insólitas que el mercado global todavía no sabía descifrar.

Una declaración de principios en las faldas del Moncayo

A finales de los años noventa, la garnacha ocupaba a menudo un papel secundario en el mapa vinícola peninsular, relegada en muchos casos a variedades de complemento o a vinos de graneles sin ambición de alta gama. En ese escenario de escepticismo generalizado, Bodegas Borsao dio un paso al frente. Tres Picos nació como una declaración de principios: apostar sin reservas por el patrimonio de los viñedos más viejos y por el esfuerzo acumulado de generaciones de viticultores.

Su nombre rinde un elocuente tributo al paisaje y a la estructura fundacional de la bodega, coronado por las tres cumbres emblemáticas del Moncayo —el propio Moncayo, Peña Negra y Lobera— y por las tres cooperativas originarias: Borja, Pozuelo de Aragón y Tabuenca.

“Tres Picos fue una declaración de principios: creer en una uva histórica, en el valor de los viñedos más antiguos y en el trabajo de generaciones de viticultores que habían conservado ese patrimonio.”

— Emilio Del Caso, Director General de Bodegas Borsao



 

Del viñedo de montaña a la conquista global

Cultivados en estricto secano sobre suelos singulares y a una altitud de entre 600 y 700 metros, los viñedos de montaña de donde surge Tres Picos aportan un perfil inconfundible. Lejos de la pesadez que a veces se le achacaba a la variedad, el vino demostró que la garnacha podía conjugar una alta concentración frutal con una frescura vibrante, finura y equilibrio.

Ese carácter único le abrió de par en par las puertas de más de 30 países en los cinco continentes, convirtiéndose de facto en el primer monovarietal de garnacha que dio la vuelta al mundo. Países tan exigentes como Estados Unidos —que entendió desde el primer instante el valor de esta garnacha pura y moderna—, Canadá, Alemania o Japón figuran hoy entre sus plazas fuertes, destinando aproximadamente la mitad de su producción a la exportación.

La consagración de la crítica y la alta restauración

El impacto internacional de Tres Picos no tardó en llamar la atención de los principales templos de la crítica enológica global. Su inclusión en dos ocasiones en el prestigioso Top 100 mundial de la revista Wine Spectator supuso un hito histórico para la denominación. A ello se sumaron los elogios de The Wine Advocate, la influyente publicación de Robert Parker, que situó al vino entre las diez mejores referencias mundiales atendiendo a su impecable relación calidad-precio.

Hoy en día, su presencia es indispensable en las cartas de los restaurantes más prestigiosos del panorama nacional e internacional, incluidos establecimientos galardonados con Estrella Michelin, y constituye un caso de estudio obligatorio en numerosas escuelas de enología e importantes masterclasses internacionales.

Una evolución fiel a su esencia

Cumplir veinticinco años exige madurez y capacidad de escucha hacia los nuevos perfiles de consumo. Lejos de estancarse, Tres Picos ha afinado su paso por madera, integrando con mayor sutileza la crianza para realzar la pureza de la fruta, la textura sedosa y una acidez refrescante que mantiene intacta la vitalidad de sus primeras añadas.

Detrás de cada botella late un modelo de éxito cooperativo que agrupa a 375 familias viticultoras, auténticas guardianas de un ecosistema único en la D.O. Campo de Borja. Para celebrar este cuarto de siglo, la bodega ha reunido en Zaragoza a instituciones, clientes y trabajadores en una emotiva jornada con parada en la Basílica del Pilar, donde la Virgen ha lucido el manto de Bodegas Borsao. Un tributo a la altura de un mito líquido que convirtió la garnacha aragonesa en patrimonio universal.

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